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  • Noticia

    Enviado el 20-12-2011

    Un trabajo realizado en ProTools o software similar no entra en un pendrive, ni siquiera en el más grande que esté en el mercado actual. Los musicos de elite están quemados con cualquier cosa que pase por internet, ante los daños que están produciendose de forma continuada, pirateo, robos de información por hackers. Lo que sí es cierto es que debería de comprarse un disco duro externo de un tera o 2 y hacer copias como bien decis, encriptarlo bien y depositarlo en su sitio que no sea su casa.

  • Disco

    Enviado el 04-09-2011

    Aquí tenemos de nuevo a los amigos de Metallica, esa banda "tan grande", en palabras de alguien tan imparcial como Lars Ulrich, que puede hacer lo que le salga de la bolsa escrotal y luego sonreir beatíficamente cual niño travieso. En esta ocasión decidieron colisionar, me parece el término más ajustado, una orquesta sinfónica al completo contra su música. Una idea de Cliff Burton, parece ser, que ya estaba pensando cuando se cambiaba de litera en la furgoneta que había que hacer una cosa así. La verdad es que suena a excusa, ya que los muertos, al fin y al cabo, poca opinión pueden formarse. Y digo bien, colisionar. No fueron los primeros en hacerlo (unos tales Deep Purple ya trabajaron este concepto con repercusión limitada hace más de treinta años), pero quizá sí los primeros en hacerlo con los cojones por bandera. Con esto me refiero a que no conceden absolutamente nada a la Filarmónica de San Francisco. Metallica, que, reconozcámoslo, no se distinguen por un directo sobresaliente, interpreta con desparpajo esta mole de dos discos donde se lamen solidariamente sus mismos cojones mientras una orquesta abre a cuchillo sus interpretaciones. Y digo bien de nuevo, ya que los chicos de la Bay Area (es un decir), no hacen el mínimo esfuerzo por integrarse en lo que les podría ofrecer una maldita orquesta sinfónica. El amigo Michael Kamen, que puede ser cualquier cosa menos mal compositor o mal director de orquesta, se encarga de personalizar todos los contrastes posibles en una obra de encargo en cuya mesa de producción se juntó a los sempiternos Ulrich, Hetfield y el ubicuo Bob Rock, que ya se había encargado de hundir a los fans más tradicionales de la banda mediante los manidos Load y tal. Los fab four del Metal se limitan a una interpretación de manual de muchos de sus clásicos, con tal nivel de sobreproducción que hasta Cuericaeno y yo aporreando una acústica y gritando cosas sobre falos sonaríamos cual ángeles de San Gabriel. Las más que limitadas habilidades instrumentales del grupo quedan afiladas, profundas, cavernosas. La voz de Hetfield, tras un esclavo trabajo de sonido, me temo, suena como si el multimilonario amante de los coches horteras supiera cantar y todo, lo cual ya de por sí, conociendo su pura imposibilidad de mantener el tono en un concierto de, digamos, un cuarto de hora, ya debería sonar a gloria celestial a los verdaderos amantes del asunto. Evidentemente, Ulrich, que es el que maneja los hilos comerciales de Metallica mientras pueda servir una cantidad constante de cerveza a Hetfield (y estoy hablando de esta época en concreto, antes de que algún purista me recuerde el Some Kind of Monster y aquella supuesta terapia de rehabilitación) puede ser un pigmeo, pero no es idiota. "S&M", aparte de un trabajadísimo juego de palabras y un logo la mar de original, es un gigantesco capricho de una banda cuya inmensidad comercial ya escapa incluso a las firmes tenazas de su avezado batería. Dejada atrás la rabia juvenil que desembocó en el aburridísimo And Justice For All (todo comentario sobre esta opinión será ignorado) y se hizo maduro, dios me asista, con Load y Reload, Metallica pone al servicio de esa colisión entre orquesta sinfónica y limitación instrumental una serie de temas de su repertorio clásico y menos clásico, con un par de canciones seminuevas para atrapar a los más incautos e incluso a Juan Pablo II, que como mantengo poseía junto a su colección de encíclicas el cd del álbum negro. Y eso supone este S&M, un nuevo paso hacia el mainstream, el orgasmo del fan incondicional a través de la "valentía" de lijarse contra una orquesta bien avenida, y aún así tiene su valor. Un servidor, acostumbrado a los excesos instrumentales de bandas como Dimmu Borgir cuando reunieron diez euros, no encuentra en este disco nada que le sorprenda o suene realmente original. Es más, hay temas, como "Call of C'Thulu", "One", "Sad But True", "Wherever I May Roam" o "Nothing Else Matters" son como tostadas esperando que las unte un elaborado trabajo de instrumentación clásica. Realmente ningún tema (ya que yo, como crítico de Metallica, he tenido a bien cumplir la penitencia de engullir todos sus discos) parece subordinado al trabajo orquestal. El grupo toca lo que le da la gana y ya si eso Kamen se acopla como pueda. Sólo por eso el trabajo del compositor de bandas sonoras y otras hierbas es de admirar. La perplejidad del grupo de cuerdas de la Filarmónica ante sus ataques de "For Whom The Bell Tolls" o la brillante versión de "Battery" queda patente mientras Hetfield aulla sus "Hey Hey Hey" que merecen sin duda ver su cerebro atravesado por un arco de cello. Eso suponiendo que le quede algo de cerebro. claro. No veo, pese a ello, que Metallica cayera en la prostitución más evidente al hacer este disco. Sus baladones babosos (ver Scorpions para hacer baladones sin ser babosos en tal medida) salen incluso reforzados de esa lucha entre melodías discordantes contra una puñetera orquesta sinfónica al completo, que ahogaría sin dudar al grupo si no fuera por la anteriormente citada producción. Una cosa tremenda, en términos técnicos, que obliga a quitarse el sombrero ante el presupuesto manejado para este evento. Los chicos de Metallica salen airosos de ese encuentro entre lo divino y lo mundano que dota al disco de un aire que creo ha sido injustamente vilipendiado por los fans de la banda. Basicamente los mismos que los descubrieron con el farragoso album negro y se atreven a acusarles de "comerciales" por experimentos de este calibre. Un experimento que sin duda tiene poco de necesario, con versiones que aguantan el tipo con más prestancia que otras, lo cual no es de extrañar. Pero es un experimento que adopta la dimensión que posee tan solo porque el grupo al mando es Metallica. Y todo lo que hace Metallica es desmesurado, destripado, analizado y fist-fuckingzado hasta la médula, tan solo para provocar una dicusión entre sus fans. Sus temas chungos (más de dos y tres) siguen siendo chungos. Sus temas buenos (más de dos y tres) siguen siendo buenos. Si sus fans no son capaces de engullir estas reiterpretaciones sin complejos que hicieron huir cual conejo al amigo Jason Newsted es que no son fans de verdad, ya que, sin entrar en temas realmente terroríficos en su versión de estudio como "Fuel" o similares, lo que se ofrece aquí es un gigantesco experimento con ínfulas de grandes compositores que, desde luego, Kamen consigue no hundir con su grupo de músicos de verdad. Una banda de músicos que, dejada atrás su mala leche, evolucionan como mediocres compositores despojados de lo que de verdad les hizo únicos. Y aún así, tres cuernos se lleva en mi opinión un trabajo que, por pura valentía se merecería alguno más. Lástima que la valentía no cuente en este contexto de clásicos del Trash Metal, ya que todo lo que haga Metallica simpre estará sujeto al verdurelismo público. Y por mucho que estos chicos se empeñen, su música envejece diez veces peor que ellos, y eso ya es mucho decir.

  • Disco

    Enviado el 04-09-2011

    Tras un extenso y necesario parate discográfico post Black Album (plazo en el cual, y de las mano de una descomunal y consagratoria gira mundial, Metallica se convertiría en la banda Nro 1 de la escena heavy mundial, pese a quien le pese), Lars Ulrich se declaraba hiperactivo y decía que Metallica estaba con ganas de publicar un disco al año, intención que se vería confirmada con las ediciones de Load (1996), Reload (1997), Garage Inc. (1998) y S&M (1999), es decir, dos discos de estudio y un nuevo álbum de versiones que confirmaban y acentuaban el camino heavy-hard iniciado en el Black Album, finalizando este productivo (en cantidad) período de la mano de un trunco experimento en vivo con orquesta sinfónica incluida. El nuevo repertorio es muy variado en cuanto nombres propios y a los diferentes estilos abordados en sus versiones originales (heavy metal, rock alternativo, punk, hard rock, southern rock, etc.), por lo que Garage Inc.(o el Disco 1, como prefiráis) no es precisamente uno de esos discos temáticos que rinden homenaje a un género o época en particular, como tal vez si lo fueron en algún punto los viejos Garage Days (Revisited y Re-Revisited), que se centraban más que nada en la NWOBHM y Punk de principios de los 80 (con permiso del rock setentero de Budgie). En este sentido Garage Inc. tiene un compendio de influencias mucho más amplio, más acorde a los nuevos Metallica totalmente despreocupados del tedioso “que dirán”, caso contrario jamás se habrían animado a ofrecer los dos discos juntos, donde la abismal diferencia de actitud e intensidad entre los nuevos y viejos Metallica quedaba más al descubierto que nunca (y si no comparad el capítulo Misfits: Die Die My Darling vs Last Cares/Green Hell, y luego me contáis…) Esperanzador, así se siente el comienzo de Garage Inc., siendo talvez Free Speech For The Dumb (Discharge) el único tema que hace honor al título del disco, con un sonido muy directo y garagero, apoyado éste en unas guitarras veloces y crujientes junto a un Hetfield crudo y visceral en su acotada labor vocal, y esto es justamente lo que más destaca del tema, que mantiene vivo (dentro de lo posible para estos Metallica más domesticados y alternativos de los noventa) el espíritu hardcore-punk de la pieza original. Lo dicho, un filoso y portentoso comienzo. De la influyente NWOBHM nos encontramos únicamente con Diamond Head (esta vez de la mano de It's Electric), y el por que Diamond Head y no otro es muy simple de responder: de todas las bandas versionadas por Metallica es justamente ésta (junto a Motorhead) la que más los ha influenciado desde sus inicios en su concepción musical, dicho esto en palabras de la propia banda. Y aprovecho ya mismo esta oportunidad para recomendar encarecidamente, y a quien corresponda, ese tratado cuasi bíblico de la NWOBHM llamado Lightning to the Nations (1980), el debut discográfico de Diamond Head, uno de los mejores discos jamás paridos por este gran movimiento británico. Sabbra Cadabra es uno de los pocos momentos destinados a rendir tributo a bandas consagradas (y sobre todo vigentes) de la escena metalera presente y pasada, y es que Metallica pocas veces se mete con sus “pares”, prefiriendo siempre bandas de las comúnmente denominadas de culto. Sin entrar en el terreno de las tediosas comparaciones que implican adjetivos tales como mejor o peor, lo único que voy a decir es que a mi me esta versión también me gusta mucho, suprimiendo ese palpable dejo retro y psicodélico que tan bien le sienta a la original por un mayor groove en su ahora pegadizo main riff, y un pasaje intermedio que para evitar los teclados de rigor mete mano en la melódica melodía de una de sus compañeras, A National Acrobat, del mismo Sabbath Bloody Sabbath, dando forma a un interesante bricolage sabbáthico que como recién comentaba a mi siempre me ha gustado bastante. Y si algo se destaca en Metallica a la hora de interpretar covers (incluidos también los del disco 2) es que nunca son réplicas de las canciones originales, todas tienen una vuelta de tuerca en cuanto a sonido y/o arreglos donde queda plasmado el sello propio de los cuatro jinetes de San Franciso. Para 1998, un disco de Metallica sin baladas no era un disco de Metallica, y aquí por lo tanto os vais a poder encontrar con dos, y muy distintas entre si. La primera corresponde al canta-autor americano Bob Siger (materia pendiente, debo admitir) y su autobiográfica Turn The Page, una sentida balada donde relata las difíciles vivencias y sentimientos de la vida en carretera como músico, un lado oscuro y usualmente ignorado por los fans. Bajo este nuevo espectro metallico Turned the Page se torna más power, pero sin perder en ningún momento su inexorable feeling melanco, combinando un riff denso y distorsionado con unas sutiles slides que vienen a reemplazar a los viejos arreglos de saxofón que aportaban un interesante dejo soul a la pieza original. Turned the Page fue promocionada con un crudo y realista videoclip, que relata una historia distinta a la de la canción, pero conectada hasta cierto punto, donde se enfrentan cuestiones tales como necesidad vs. vocación, destino vs. elección, y otras cuestiones que quedan al libre albedrío del oyente. Os dejé el videoclip con subtítulos en español, vale la pena. Que James Hetfield siempre simpatizó con los sonidos country-sureños no es ninguna revelación divina (sobre todo después de la explicita Mama Said), pero lo que si desconocía por completo era que el debut de Lynyrd Skynyrd fue el primer disco que el pequeño Hetfield adquirió en su juventud, por lo que ahora se entiende a la perfección el por que de la inclusión de la emotiva Tuesday´s Gone, que lamentablemente aquí respeta bastante el sonido sureño de la original, y que por lo tanto adolece de ese plus o valor agregado que suele darle Metallica a las versiones originales, o será que yo soy muy fan de Lynyrd Skynyrd, y no noto en este track ni un 50% de ese feeling nostálgico y tristón que desprendía Ronnie Van Zant y compañía, vital para que este tipo de baladas no se tornes tediosas. Como sea, uno de los pocos casos (contados con los dedos de una mano de Alf diría) en donde me quedo con la canción original. Así como Free Speech for the Dumb se destaca por mantener vivo el espirito punk anárquico de Discharged (pero sin dejar de sonar a Metallica en ningún momento), en Die Die My Darling se me hace que no dieron con la talla, suena demasiado a Metallica, demasiado limpio para mi gusto y para lo que considero que demanda la canción, y ese sello propio o valor agregado que vengo destacando como una virtud tal vez aquí, y solo aquí, les haya jugado una mala pasada. Ahora bien, a quien no le vaya mucho el punk y este tipo de sonidos más arrebatos estimo que debe de haber quedado algo más conforme que yo con esta canción. Cuestión de gustos supongo, la misma vieja historia de siempre. Y ya que venimos embalados con los escasos tropezones que tiene el disco, continúo con mis admirados Blue Oyster Cult, que son invocados mediante su clásico Astronomy, que en su versión original se presenta misteriosa, épica y progresiva, y en su relanzamiento metallico transcurre como un medio tiempo de ritmo in crecendo y pegadizo, y que si bien también tiene su punto, me pasa algo similar que con Tuesday´s Gone, así que mientras le pido prestado otro dedito más Alf (y ya van dos) celebro a su vez la inclusión de ambas en este lanzamiento, ya que seguramente contribuyeron a acercar nuevos oyentes a sus propias arcas, un gran consuelo para este tipo de bandas a las que a veces siento demasiado infravaloradas en la actualidad, sobre todo BOC. Curiosidad y confusión despierta la elección más bizarra de este racconto de influencias musicales (aunque de haberles influido, ésta tuvo que hacerlo bastante más creciditos ya, pues data tan solo del año ‘94), la rola en cuestión no es otra que Loverman, ese medio tiempo oscuro y goticón (sobre todo en su versión original) propiedad de Nick Cave and the Bad Seeds, una elección personal de Hetfield que al parecer quedó fascinado por la capacidad de Nick Cave para abordar temáticas en torno al amor desde una perspectiva poco optimista, sino más bien violenta y degradante, mucho mas cercana a la visión y propio sentir de James. Musicalmente interesante, pero hasta ahí nomás, solo como rareza. Dejamos los experimentos de lado y retomamos la buena senda del metal, y para ello nada menos que un merecido homenaje (en forma de Medley) a una de las bandas más infravaloradas en la historia del heavy metal europeo, Mercyful Fate, con más de 11 minutos que recuperan algunos de los mejores extractos sonoros de los inicios de esta gran leyenda danesa, pero para ser sinceros, si queréis sentir es su real magnitud el oscuro y siniestro influjo de esta mítica banda, pillad ya mismo sus master pieces Melissa y Don´t Break the Oath, porque King Diamond hay uno solo, por más que este embajador de Satán se encuentre empeñado desde sus inicios en hacernos creer lo contrario… Y antes del grand finale que nos depara la obra, un poco de hard rock hecho de manera simple y vacilón, Whsikey in the Jar de los siempre recomendables Thin Lizzy de Phil Lynott (una canción que a su vez es una versión de una balada folk irlandesa), otro de los temas que tuvo sus cincos minutos de fama gracias a su videoclip cuasi mandatario, y es que si hubo una canción que parecía pedir a gritos ser single para rotar día y noche en la Mtv, esa fue ésta. Dicho y hecho. Esperanzador, así se siente el cierre de Garage Inc, y curiosamente (o no) este deja vu tiene cabida nuevamente con Discharge, esta vez gracias a The More I See, que luego de pasar por la orfebrería metallica gana varios enteros, con mucho mas gancho y algún que otro vestigio thrasher en su taladrante main riff, ese que entre golpe y golpe (nunca mejor dicho) deja espacios para que el bajo de Jason tome vuelo propio. Y paradojas del destino, esta sería la última incursión de Jason en un estudio de grabación como miembro de Metallica, un dato curioso si consideramos que tanto su debut como su despedida (repito, sin contar el directo S&M) tuvieron lugar con sendos discos de versiones, ¿no os parece? Del disco dos no hay mucho nuevo que decir, lo más importante es lo que ya todos sabemos, que estas canciones forman parte, junto a sus cinco primeros discos de estudio, de su época sacra e inmaculada, motivo por el cual muchas de ellas aún hoy perduran en sus set lists (y no así las nuevas), como ser el caso de ese cross a la mandíbula llamado So What (Anti-Nowhere League), utilizada en ocasiones hasta para abrir sus conciertos; o la también hiriente Last Caress/Green Hell (Misfits), que sumadas a la nueva y gratificante experiencia de Discharge confirman que a los Horsemen el punk les sienta tan bien o mejor aún que la afamada NWOBHM (al menos a la hora de versionar); la thrasherizada Stone Cold Crazy de la reina británica por excelencia; Am I Evil? de Diamond Head (impresionante e imprescindible en cada uno de sus 7 minutos 50 segundos de duración), Breadfan de Budgie (junto a Queen, los únicos guiños al rock setentas de este disco) y sigue la lista… La única novedad como tal son las 4 versiones de Motorhead que la banda interpretara en el cumpleaños número 50 de Lemmy, y que si bien sirven para pasar el rato y tal, son solo un mero bonus o complemento de aquellas míticas grabaciones. En resumen, un valioso regalo para los viejos fans de la banda, que a partir de este lanzamiento podrían disfrutar de todas y cada una de estas entrañables versiones compiladas en un solo disco. Retomando el disco 1, solo agregar (y ahora si ya a modo de conclusión) que os vais a encontrar ante una 'digna' continuación del camino iniciado en los primogénitos Garage Days, teniendo siempre presente que las formas e intenciones yo no eran las mismas de antaño (y si no que lo digan los fans mas intransigentes, cuyos ‘metal hearts’ seguían sumando disgustos ante esta nueva incursión heavy-hard que ignoraba una vez mas su añorado pasado thrasher), pero el leit motiv seguía siendo el mismo de siempre: recordar y homenajear a aquellos artistas que los influenciaron a lo largo de su carrera, y hacer a su vez de estas versiones una puerta de entrada para ir tras las originales y descubrir por cuenta propia el legado de estos artistas (lejos, el valor agregado que más rescato de este tipo de trabajos), y si a la cuestión musical le sumamos el suculento booklet que viene de acompañamiento, lo que tenemos entre manos es un invaluable documento para todo fan de Metallica (sin importar ya que etapa disfrutáis o dejáis de disfrutar) mediante el cual podrán enterarse como y cuando arribaron dichas canciones a la vida de los distintos integrantes de Metallica, alguna que otra anécdota sobre la banda (de las conocidas y de las no tanto también), alguna que otra info biográfica sobre los artistas elegidos, el motivo de dicha elección, y otro dato no menor, el por que Metallica (una banda totalmente consagrada a partir de sus propias canciones) considera vital para su supervivencia el versionar a otros artistas. "El versionar canciones te ayuda a sentirte mejor, te abre la cabeza sobre nuevos enfoques y sonidos, te convierte en un mejor músico" (James Hetfield) "Las canciones escritas por nosotros conllevan un proceso de disección y análisis que dura meses (y si no mirar el docu Some Kind of Monster, el mejor ejemplo de este traumático proceso compositivo al que se auto somete la banda), pero cuando estamos versionando a otros artistas solo se trata de vivir el momento. Y mientras Metallica siga con vida, siempre necesitaremos hacer uso de esta vía de escape." (Lars Ulrich)

  • Disco

    Enviado el 04-09-2011

    5 años desde el Black Album y la reducción de marcha que éste supuso era mucho tiempo para que algunos siguiéramos guardando rencor hacia Metallica. Tan sólo un leve gesto y nos volverían a tener allí donde quisieran, a mí y a tanta gente en todo el mundo. De pronto, oigo por ahí que Metallica han renovado su imagen. Mal asunto. Entonces me viene a la mente cuando voy al supermercado a por mis cereales favoritos y veo en la caja "NUEVO SABOR", "AHORA MÁS..." lo que sea. La primera vez suelo picar, pero luego me veo obligado a cambiar de marca, con lo ricos que estaban antes... Efectivamente Load era el primer álbum desde que habían decidido sanear sus cabellos y cambiar su estilo para convertirse en una banda de los noventa, capaz de expandir su audiencia más allá de los límites del Heavy Metal. Bueno, vamos a ver qué sorpresa nos tienen preparada Hetfield y los suyos. Para empezar, echo un vistazo al disco y veo que los temas siguen teniendo una duración entre 5 y 6 minutos, salpicados con alguno que rebasa los 8 y 9. Anda, como en Master Of Puppets y ...And Justice For All. Sí, pero en Load se atreven a presentar temas muy largos sin apenas ingredientes que garanticen la atención, cosa que en albumes anteriores no solía ocurrir. Por otro lado, las letras de este disco en general me dejan perplejo, no entiendo de qué van, qué me están contando, me estoy perdiendo algo? Son alegóricas? Hay que ser inteligente para cogerlas? O tal vez hayan recurrido a hacerlas así porque ya no saben sobre qué escribir. Desgranando los temas comenzamos con Ain't My Bitch, cuyo riff inicial es de esos que juegan al escondite con tu oído, haciéndote confundir el derecho y el revés, todo ello además sin necesidad de ser complejo. Mooola, pero cuando el Hammet se arranca con esa frasecilla candidata a la papelera de cualquier guitarrista compositor empiezo a notar cierto tufillo. Demasiado pronto, no juzguemos aún. Ha pasado Ain’t My Bitch y tengo que reconocer que no esta mal, simplemente es distinto a lo que hacían antes. Vamos con 2x4 . La segunda vez que oigo lo de "I can't hear you, are you talking ta me" ya empiezo a bostezar, y aún me queda por oir la frase varias veces durante los 5 minutos que quedan de tema. Aquí huele a muerto. The House Jack Built tiene un riff "waheado" que por un momento llama mi atención, pero enseguida me encuentro sacudiendo la cabeza ¿Headbanging? Me temo que más bien se trata de un gesto para evitar quedarme definitivamente dormido. Until It Sleeps : vaya, hablando de echar una cabezadita. El caso es que podría aprobarla a poco que hiciera un esfuerzo. En fin, por una vez aceptaremos barco... King Nothing: Esta sí que no, os he pillado, habéis cogido la plantilla de Enter Sandman , cambiado el riff y a correr, 5 minutos y medio más, a este paso llenamos un CD de 80, así los que no pueden hacer overbarnin con su grabadora no se lo podrán piratear. Después de esto muchos ya empezamos a pensar que efectivamente ya no eran los reyes de nada. Bleeding Me: Vaya, dura 8 minutos, aquí tienen que pasar cosas... bueno, el tema en menos de 5 minutos está ventilado, pero como se ve que no les convencía, en lugar de trabajar sobre lo que ya hay grabado cogen y cambian un poco el riff para, abusando de la paciencia de cualquiera, dilapidar otros 2 minutos y pico y, no contentos con eso aún, copiar y pegar el primer minuto en desesperada búsqueda de una salida digna. Aquí ya me empiezo a sentir ofendido. Pues todavía queda, Cure, Poor Twisted Me, esto parece una travesía en el desierto. Después de todo lo que llevo pasado Wasting my hate parece un oasis de inspiración, con su riff gordote dirigiendo el cotarro tranquilamente cual patriarca beduino. A su lado su única esposa, Mama Said, que no está de mal ver y por cuya letra podríamos pensar que es la secuela de Dyer's Eve. Pero me despido de ellos y continúo mi viaje al borde del agotamiento, para enfrentarme a Thorn Within, otros 6 minutos caminando esta vez con una espina clavada en la planta del pie. ¡Qué manía tienen los organizadores de hacer las etapas tan largas! De Ronnie no sé ni qué decir, me va faltando el aliento. Qué bien, ya sólo queda una, The Outlaw Torn... diiiioooos, 10 minutos, y hace tanto tiempo que me arrebataron la inocencia que no, no puedo presuponer un temazo, a estas alturas ya no. Pienso mal y acierto, efectivamente, se me hace como subir el Galibier con una bicicross BH y las ruedas pinchadas. Por ahí viene el coche escoba, pare usted que me retiro. En fin, he querido volver a oir Load después de varios años antes de escribir esto con la esperanza de encontrar, como diría el poeta, "oro en un perolo de bazofia", pero sólo me ha servido para confirmar que siempre tendré cosas más interesantes que escuchar. Decepción fue y es la palabra con la que definiría este album. Más adelante, sentiría bochorno por Reload y tristeza por St. Anger. La compasión que actualmente siento por esta banda nace como consecuencia de haber visto Some Kind Of Monster. Estaba pensando en volver a escuchar Reload pero la verdad es que no creo que pudiera con tanta carga, ni aspiro a ser nombrado "Héroe del día". No sé, puede que haga como Billy Milano con el cd de S.O.D., cargármelos.

  • Disco

    Enviado el 04-09-2011

    Un álbum que no necesita presentación, mucho menos la banda. Para muchos, lo último bueno de Metallica, para otros el disco en que se inicia el descenso. Objetivamente, un álbum que suena pesado, que tiene buen ritmo, con riffs que taladran los oídos y los impresionantes solos de Hammet. Si esta banda no hubiera tenido otros cuatro discos de background, nadie se habría quejado del sonido en este disco. Empieza con lo que se considera uno de los mejores riffs en la historia del metal. Enter Sandman, de lo mejor presente en el álbum, abriendo con notas suaves y el acompañamiento de los platillos, para dar paso a un riff potente y muy bien logrado. Y el solo de Hammet ni se diga. Llega Sad But True, que sin pretenciones ni riffs espeluznantes, más bien sencillos -¿qué tiene eso de malo? el riff de "walk", de Pantera, es sencillo a más no poder y es considerado de los mejores en la historia-, te mantiene a la espera de un solo que llega magistralmente. Canciones como Holier than Thou, Of Wolf and Man, o The God that Failed mantienen un buen ritmo, los riffs son pesados y muy bien logrados. Todas ellas sirven de "shows de medio tiempo" para intercalar entre canciones como Enter Sandman, Through the Never o Wherever I may Roam. Que alguien se atreva a decir que estas canciones no tienen riffs excelentes, sonido impecable y la guitarra de Hammet haciendo solos de calidad innegable. Y qué decir de la sítara de Kirk en Wherever I may Roam, así como los excelentes riffs y aún mejores requintos. Es cierto, contiene también las canciones The Unforgiven y Nothing Else Matters (esas dos las tocaban frente a mi antigua casa, en cierto tugurio de mala muerte al que las señoras de la vida alegre van a ejercer su "serio" oficio, jeje), que si bien un tanto melosas, hay que admirarles la composición. En resumen, un álbum que vale la pena, el conjunto de canciones es muy bueno, al final de cuentas Metallica está compuesto por buenos músicos, en toda la extensión de la palabra. De acuerdo, no es el thrash al que nos tenían acostumbrados, pero sigue siendo un excelente metal. Eso sí, más subjetivamente, prefiero los discos anteriores, y comparto la opinión de que la mejor época de Metallica ya pasó. Para mí, éste es el último bueno de Metallica.

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