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Biografía de Ray Charles

Biografía de Ray Charles

"Nunca me detuve en la piel de las personas. Si quería ver a un hombre o a una mujer, quería llegar a ver su interior. El ser distraído por los colores o formas es estúpido. Es algo que yo simplemente no puedo ver" – expuso el maestro. Es de reconocer que es más que imprescindible empezar cualquier acercamiento a la figura de Ray Charles con las menciones a su amplísimo legado musical y aquella aureola mitificadora que ha convertido a Ray, gracias a sus geniales composiciones y a su característica y arrebatadora voz quebrada y cansada, dejada ir como sin mucho afán, en una de las figuras imprescindibles de la música negra norteamericana, en particular, y de la música, en general.


Conocido por “The Genius”, es más que razonable que se mereciera tal apodo, tanto por su revolución en la música como por su humana sensibilidad, quien, sin llegar a inventar el R&B y el blues, lo revistió de su propia personalidad, creando una concepción tan necesaria y falta del mundo y de los seres humanos, a los que tomaba desde iguales desde su libertad, que es imposible no hablar de los grandes de la música sin que no aparezca su nombre, y en mayúsculas. Era un genio, y lo será para siempre.

Ray Charles Robinson vió la luz el 23 de septiembre de 1930 en Albany, sita en el Estado de Georgia (EEUU), en una familia tremendamente pobre. - "Comparados con otros negros, nosotros estábamos aún más abajo del último escalón, mirando siempre hacia arriba al resto. No había nada más debajo de nosotros, excepto el suelo”. Su famosa ceguera la produjo un glaucoma del que se vio afectado siendo muy niño y del que su familia no pudo tratar por razones económicas. Se cuenta que fue su madre la

que le condujo en su aprendizaje a orientarse sin el sentido de la vista para conseguir la necesaria autosuficiencia para cuando se emancipara. Por tal hecho, sumado a la muerte fortuita de su hermano y a “la música que vivía dentro de él” , fue aceptado en la escuela para ciegos de Florida “St. Agustine”, donde le enseñaron Braille y a leer y componer música. "La diferencia con los niños videntes que aprenden alguna canción, es que los ciegos tenemos que tocar las notas, entenderlas y luego memorizarlas para finalmente poder tocar la melodía. No pueden tan sólo sentarse y tocar mientras van leyendo". Algo que, sin lugar a dudas, contribuyó a desarrollar una de sus maravillas: la improvisación. Tras morir su madre, sobreviviría tocando en los clubes de Florida el repertorio de su idolatrado Nat King Cole, que le hizo convertirse en una pequeña estrella local hasta llegar a Seatle. Y es desde allí donde consigue lanzar su primer disco, fichado por un productor de la Atlantic Records, Ahmet Ertegum, que había oído hablar de él y de donde renació el Ray Charles que dejó huella en el mundo de la música con aquella forma tan peculiar de tocar el piano, con sus cualidades vocales, y junto a una más que correcta mezcla de músicas de Nueva Orleans con góspel y blues, aderezado con tintes de folk, rap urbano y country, según épocas, que conforman el estilo propio, imborrable y personal de Ray Charles. Ese que tanto encandiló y encandila a sus seguidores a lo largo y ancho del planeta.

Gracias a “Baby, Let Me Hold Your Hand” consigue introducir en 1951 su primer album en la lista de ventas de EEUU, al que le seguirán canciones góspel no religiosas (por el que fue dura e injustamente criticado, aún fuera de lo más común escuchar góspel no religioso y religioso no góspel) o baladas blues como “Mess Around” (versión del “Pinetop’s Boggie Woggie” de Pinetop Smith), “It Should Have Been Me”, el clásico internacional “I Got A Woman”, “This Little Girl Of Mine”, “Drown In My Own Tears”, “Hallelujah I Love Her So” o “Lonely Avenue”. Lo que vendría tras la aparición en el Newport Jazz Festival, con dos joyas como lo son “(The Night Time Is) The Right Time” y, muy especialmente, su inmortal “What’d I Say”, terminaron por consagrarle como grande entre los grandes y bueno entre los buenos. Un álbum en vivo, “Ray Charles In Person”, se convirtió hasta esa fecha en su mayor éxito y testigo mudo de su potencial convocador y carismático. Hecho éste que le prodigó en colaboraciones con artistas de diferentes estilos (Milt Jackson o Hank Snow, entre otros) y que terminó por barnizarle su estilo inconfundible en el que se funden influencias innumerables para hacer un sonido genuino y elegante. No obstante, ya por aquel entonces se le conocía como “El genio”.

El cambio de discográfica a la ABC Record a principios de los sesenta le supuso esa libertad total que tanto ansiaba en sus trabajos para tener control absoluto sobre su música y el enfoque que tanto buscaba en sus temas, ahora bebiendo también del pop. Se saldó con otros clásicazos como lo fueron “Unchain My Heart” y el “Hit The Road, Jack” y un álbum portentoso (“Modern Sound In Country And Western Music”) que demostraba las ignatas cualidades de Ray para fundir cualquier cosa sin dejar de mostrarse él mismo en todo lo que hacía. Hasta los críticos más conservadores y aferrimos a la pureza de los estilos aplaudieron, que no aceptaron, el inconfundible estilo del “Genio”. Contenía, no obstante, maravillas como “I Can’t Stop Loving You” y “You Don’t Know Me”, a las que le siguieron “You Are My Sunshine”, “Busted” y aquel dueto que luego regravaría con Barbra Streisand, “Cryin’ Time”, o el divertidísimo y socarrón “Baby, It’s Could Outside”, junto a Betty Carter. Los sesenta culminaron con sus esfuerzos contra la discriminación racial, que le hizo cancelar un prestigioso concierto en su tierra natal y su arresto por posesión de heroína, sustancia de la que era adicto y que consiguió dejar tras ingresarse en una clínica de Los Ángeles. El álbum “Let’s Go Get Stoned”, de 1966, bebía en gran medida de tales circunstancias de su vida.

Los setenta y ochenta significaron un descenso de la popularidad del cantante, aunque no de su huella, que a cada reposición de sus éxitos en la radio se volvía su luz más fuerte y más grande. Era, a estas alturas, aquel grande al que preferían escuchar en sus legendarios éxitos frente a los nuevos trabajos que, si bien cuenta con grandes logros, éstos se veían enterrados en algunos otros más comerciales y rutinarios. No obstante, si en los setenta deslumbró con su versión, también inmortal, de su “Georgia On My Mind” (canción por excelencia del Estado de Georgia desde 1979, aunque en principio hablase de una chica) o del himno nacional “America The Beautiful”; en los ochenta apareció junto con The Blue Brothers con buenos resultados, junto a Billy Joel en “Baby Grand”, con el tema “Always A Friend” o en los espectáculos “The Nanny”, junto a Ann Guilbert, y “Who’s The Boss?”.

Los noventa significaron la toma en conciencia por parte de público y crítica de lo que significó la carrera y la música de Ray Charles, que pasó a engrosar la lista de mitos vivientes hasta el punto de ser padre de la mayoría de los grupos negros que hoy en día asolan el mundo de la música. Así, protagonizó la campaña “Pepsi dietética” y colaboró durante toda la década con diversos artistas y amigos, dejando constancia de esa maestría que solo él poseía con la improvisación. Así, INXS, Chaka Khan, Quincy Jones o Diana Ross. Idea ésta que propició que en 2004 lanzase un álbum póstumo de duetos (“Genius & Company”), ganador de dos Grammy’s, y su continuación (“Genius & Friend), gracias a la ayuda de sintetizadores, junto a personalidades tan variopintas e interesantes como Natalie Cole, Diana Krall, James Taylor, Elton John, Willie Nelson, B.B. King, Gladis Knight, Van Morrison o Norah Jones, con la que ganó el Grammy a la mejor canción (“Here We Go Again”) en la ceremonia del 2005.

Ganador de diecisiete Grammy’s, Ray Charles, llegó a tener un rol activo en lo que a justicia racial se refería, lo que le llevó a forjar una amistad con el legendario Martin Luther King en la década de los 60. Ray tuvo que luchar aparte de su discapacidad y pobreza, contra las injusticias raciales de la época. Fue así como, cuando M. Luther King fue encarcelado, Ray Charles ayudó como pudo a reunir recursos para ayudar a su amigo y a la causa común. No solamente se le reconoce por aquella lucha, sino que además por crear la Fundación Ray Charles en 1987 para la prevención de la sordera, institución que presta servicios a personas así como también realiza investigaciones en la materia.

Ray Charles falleció en su casa de California el 11 de junio de 2004 a los 73 años, dejando un legado de doce hijos y 18 nietos. La película “Ray” trata, más o menos realmente, la vida y obra del que siempre nos será “The Genius”, y de cuyas bandas sonoras se hace buen eco lo que fueron sus grandes éxitos.

Autor: Rabiosactualida

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